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 domingo, 05 de septiembre de 2010
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APRETÓN

... "Bueno, la noche no ha estado mal, pero creo que ya es hora de irse para casa."

—¡Niña! ¿Cómo decías que te llamabas?
—¡Clarinha, meu amor Clarinha!
—Vale mi niña Clarinha, me voy para casa, y ¿creo que también quieres irte a la tuya, no?
—Sssí meu amore, eu non quero irme sola a cogh´er  taxi.

... "Cualquiera que me vea, por Madrid a las tantas de la madrugada, buscando un poquito de “marcha” y me encuentro con una brasileña que busca “amor”.
Lo más prudente es iniciar la retirada, porque mi cuerpo no está ahora para romanticismos, más bien todo lo contrario. Aunque lo cortés..."
Salimos fuera y cogemos un taxi. En la parte de detrás nos hacemos unos arrumacos, pero mis instintos van muy acelerados y, sin encomendarme a nadie, le digo de sopetón que me gustaría verle las “tetas”.

—¡Eeeey! Eso non se dise a una señorita, maleducaaado!

En vista de lo visto,... desisto, y me centro en llegar a casa y descansar. Además noto unas incipientes ganas de orinar, por lo que añado y altero el orden a mis metas más inmediatas: llegar a casa, mear y descansar.
Abandono primero el taxi, no sin antes darle un beso de despedida y decirle que encantado de haberle conocido. No sé qué coño responde, pero se ve que no está muy contenta.

—Adiós- dice por fin.

Me dirijo rápidamente hacia el portal, abro y enfilo aceleradamente hacia el ascensor. La vejiga va dando unas muestras cada vez más alarmantes de que está llena,...bueno, de que está rebosando más bien.
¡Será posible, siempre lo mismo! ¿No podía haber echado una meada antes del salir del garito? ¡Claro, como estaba pendiente de la brasileña! ¡Muy justa va estar la cosa hasta el octavo! ¿Dónde coño está el ascensor que no termina de llegar? ¡Joder! ¡Es que esto no va a terminar de bajar nunca!
¡No sé cómo me lo monto, pero siempre me pasa lo mismo, vengo tan tranquilo de por ahí y hasta que no entro en el portal, o sea, en un sitio donde no puede uno“desahogarse” aunque quiera, es cuando me entran las apreturas! ¡Me cagüen la leche, a que todavía me meo!
Bueno, aquí llega por fin… ¡Párate de una vez, coño!
A ver, cuarto, y subiendo... ¡qué lento va el cabrón! Está claro que no llego a tiempo. Nada, que me meo, eso ya está claro...lo que pasa es que mear en el ascensor es muy fuerte, es demasiado cante. ¡Suuube, suuuubeeee, hijo putaaaa!

—¡Sieeeeteeee y ooochooooooo!, ¡Venga, venga, vengaaaaaa! ¡Buenooooo! ¡¿Acabarás de pararte de una vez?!

¡Y ahora viene lo de las llaves! ¡Tres llaves que tienen en la puerta, si en circunstancias normales no sé cuales son, ahora entre las cervezas y los “agobios” voy a atinar por los cojones…!
Abro la puerta del ascensor, me lanzo con pasos cortos y frenéticos en dirección a la puerta de mi hermana. Hago un intento desesperado esperando el milagro de acertar a la primera con las llaves:

“Esta es la de ¿arriba?...¡parece que aaaabr...? ¡Noooo!. A ver estaaa .., tampocooo! ¿La del medio puede ser? ¡Noooooo! (con manos temblorosas y sin orden continúo) ¡Y esta...tampoco! ¡No!, ¡no!,¡no!, ¡no!, ..... ¡no doy ni una, manda güevos! ... Me, me..., me meo.... ¡¡Ahora sí!!, ya...ya...yahaa....¿¿¿???...¡Esto es increíble! ¡He evitado la “tragedia”¡Por qué poco, aunque  las cosas no están muy bien que digamos!

¡Joooder! ¡Esto es increíble! Ya está abierto el”grifo”, pero la orina no se ha “escapado”, he conseguido retenerla. ¡Y no sé cómo he conseguido no macharme el pantalón! ¡La madre que me parió, si no lo veo no lo creo, lo que hace la necesidad! He retenido la orina dentro de mi propia “manguerita” sujetando el pellejito del prepucio, que por cierto está hinchado, a punto de reventar. Por un lado sigo con las ganas de culminar la evacuación, y por otra está el calorcillo de la orina sobre el glande. Es una sensación muy, pero que muy extraña. ¡Y además he sujetado el pellejito por fuera del pantalón! ¡Un circo (absurdo, eso sí vamos!)¿Y qué hago yo ahora en esta situación? ¡Uuff!, no puedo aguantar ese gustirrinín que da el inicio de una meada “apurada”.

Esto ya no se puede remediar, esto es una evacuación de emergencia, ¿pero dónde? ¡Busca, buscaaaa un sitio capullo (nunca mejor dicho)¡Coño ahí, ahí en el rinconcito que hace la pared con el resalte de la puerta del ascensor!¡que sea lo que Dios quiera, y que a mi hermana,(¡o a mi cuñado!) no se les ocurra abrir la puerta ahora....! ¡Uuuuuh Aaaah! ¡Dios mío, qué descansoooooo!
¡Eeehhh! ¡Qué pasa! ¡¿El ascensor?! ¡¿A estas horas hay gente por ahí?!
¡Y esto no para de soltar líquido amarillo! ¡Joder ni que me hubiera bebido un pantano! ¡Qué barbaridad! ¡Cómo siga así inundo todo el pasillo! ¡Y el ascensor continúa  subiendo! ¡¡¿¿...???!! ¡Tendría narices que viniera precisamente a este piso....! ¡¡La madre que me parió..., ahí está, se ha detenido!! ¡¿Seguro que esto me está sucediendo a mí?! ¡¿No será una equivocación, un sueño o algo así?!

¡Y la “manguera” que no para de chorrear! ¡Vaya marrón!...

¡Pues yo no me la “enfundo” ahora, chorreando que está a pleno caudal! ¡Joder, si no tengo ni para cambiarme de ropa! ¡Aguantaré, aguantaré,... aguantarééé... hasta queeee ... se abra la puerta, se abre, ¡qué momento!, Dios, ¡qué momento! Me giro rápidamente orientándonos mi meada y yo en sentido de mi puerta de “destino” (la de la casa de mi hermana), y dándole la espalda a la puerta del ascensor por donde aparecerá alguien de un momento a otro. Con un esfuerzo titánico consigo “cerrar” el grifo, aunque no “guardarlo”. Cojo las llaves y hago como que estoy abriendo las cerraduras de la puerta ¿¿¡¡...........!!?? Oigo como se abre el ascensor y sale gente..... Ya deben haberme visto, no dicen nada. ¡Dios mío! ¡Dios mío! (suplico para mí), ¡y ahora que se dirijan hacia el otro lado del pasillo! ¡Mira tú que si vienen a la puerta de al lado!   ¡¡Tendrían que pisar el “charco” que he preparado, y con poco esfuerzo podrían ver hasta el “instrumento” de donde ha salido “todo”, que, por cierto, con el ánimo de taparlo, ¡¡casi lo tengo pegado a la puerta!!......¡De perdidos al río! La cosa no es por mí, que este rato lo paso como sea, y  a esa gente no la volveré a ver en la vida, pero si son vecinos de mi hermana, a ella no voy a dejarle en buen lugar....

¡¡¡Eeeeeeh!!! ¡Se ve luz por la mirilla de la puerta! ¡Lo que me faltaba! ¡Mi hermana se ha levantado! ¡Normal, habrá oído el ruido y pensará (con razón) que no soy capaz de abrir la puerta! ¡Si llevo media hora haciendo ruido con las dichosas llaves....!

¡¡Hay que actuar con celeridad!! Echo un vistazo rápido a los que han salido del ascensor (son una pareja, espero que vengan de juerga, eso ayuda, les hace más comprensivos, menos “críticos”). Están a punto de entrar en su puerta ¡del otro lado del pasillo (o sea, a mis espaldas)! ¡No hay tiempo que perder! Enfundo precitadamente mi manguerita (insatisfecha aún),  mientras, suenan los pestillos y...  se abre la puerta que tengo delante de las narices...

—Holaaa! ¿Cómo te ha ido por ahí? ¿Te lo has pasado bien? (Es mi hermana, habla bajo para no despertar al resto de la familia).

Entro precipitadamente, aún no ha terminado la dichosa meada, lo que a su vez, me sirve de excusa para cerrar rápidamente la puerta (¡mi hermana podría ver u oler el charco que adorna el pasillo frente a su puerta!)
 
—¡¡Muy bien, pero un momentito que vengo apuradillooooooooo!! (no miento)
 
Me precipito al cuarto de baño, dejando a mi hermana un tanto perpleja...

—¿Estás bien?- algo raro nota.

Entro en el servicio, y ¡por fin! termino de rematar la puñetera meadita de los cojones. Hay que ver como se pueden complicar las cosas más simples.
No pierdo el tiempo, y ya estoy mirando donde está el cubo de la fregona, el mocho, y... ¡la lejía! ¡Perfecto, todo está localizado! Aprovecho el ruido que hago en el cuarto de baño para echar el agua en el cubo de la fregona (después cuando todo esté en silencio  daría más el cante).
Salgo por fin, y veo a mi hermana mirándome escrutadora.

—¿Dónde has estado? ¿te lo has pasado bien?
—Por la Gran vía- contesto, muy escueto, no estoy para explicaciones.
—¡Chacho! ¿Y qué haces tú por ahí a esas horas? ¡Si por ahí hay una gente queeee .... no, que no me gusta que vayas por ahí!.

¿Pensará que he estado de putas?

—Es un sitio muy tranquilo- me da vergüenza decirle que he estado en un “Golden” por lo que me callo el lugar- y de muy buen ambiente, con su orquestita y todo. Lo que es en la calle paseando, no he estado. Además pedí un taxi para venir.
—¿Quieres comer algo? ¿Un vaso de leche?
—Vale, vale, tomaré un vaso de leche. Pero tú vete a acostar, que yo sé donde está todo.
—¿Supongo que sabes dónde está tu habitación? Te he cambiado las sábanas, y si quieres.....
—Tú vete a  la cama que yo ya me apaño. No te preocupes.

No sé si soy un poco brusco, pero estoy muy tenso, hasta que no limpie lo de afuera no voy a estar tranquilo. Si no lo descubre nadie todavía puede pasar “inadvertido”. Y ya digo que es sobre todo por ella ¡Mira tú que llegara algún vecino y viera lo que hay en su (de mi hemana) puerta! ¡Muy mal rollo!
Ella se queda mirándome pensativa (y soñolienta), y por fin se despide dándome dos besos.

—Hasta mañana...
—Hasta mañana...

¡Al fin solo! Me tomo un vaso de leche y espero para cerciorarme de que todo el mundo duerme...de pie por supuesto, no sea que me duerma y cuando me quiera despertar mañana sea demasiado tarde.
Con sigilo, cojo el cubo con agua y lejía, y… salgo fuera....Tengo la sensación de estar en un mundo irreal, será el sueño, la cerveza, el cansancio, la tensión de la situación… Y si no, ¿qué hago yo en Madrid a las tantas de la madrugada, en un octavo piso, con un mocho en la mano, limpiando mi propia meada en un pasillo? Y ¿para qué? Para nada, sencillamente para no hundirme. No espero sacar satisfacción alguna, sencillamente no hacer  el ridículo y evitar una situación embarazosa a mi hermana.
A pesar de todo, en cuanto me pongo a recoger el “agua del charco” comienzo a sentir un alivio, una relajación, parece que las cosas comienzan a normalizarse....¡¡¡Me cagüen la leche!!! ¡¡¡La puerta!!! ¡La he dejado abierta sin nada! (suelto la fregona y corro a ponerle algo que impida su cierre accidental). ¡Ya me  imagino el papelón!: después de acostado todo el mundo tener que llamar al timbre (cosa que alarmaría a todos), y después de esto, tener que explicar porqué estoy a las... ¿5´00 horas? de la mañana “fregando la escalera”.
Termino la operación sin novedad. La lejía aparte de la desinfección, se encargará de conjurar el olor del orín (que huela a lejía no extrañará tanto ¡digo yo!). Sigilosamente entro en casa, coloco el material, y... ¡Al fiiinn, la camita y a descansar!

Poco a poco voy sosegándome... pero no dejo de  reflexionar: “para otra ocasión que venga de fiesta a Madrid, me quedo en una pensión que esté en el primer piso (¡por si las moscas!), y me evito compromisos (¡Ojo, los que yo pueda crear a mi familia!), y además voy más libre. ¿A dónde me hubiera llevado a Clarinha si esta hubiera estado menos “espiritual”? Hay que organizarse.
El sueño va pudiendo conmigo, pero sigo reflexionando: ¡Vaya, tendré que andar con cuidado, si me pongo a roncar, aparte de molestar a los durmientes, lo mismo “acojono” al pobre de mi sobrino, como ya sucedió en otra ocasión! Tendré cuidado. Sí, sí... creo que lo de la “pensión” es una buena idea”.
Bueno... bueno.... mañana será otro día, menuda nochecita. ¡Joder Jesús, venías a triunfar a Madrid, y ya ves, te has cubierto de “gloria”.....
Hasta mañana...

(Cogolludo, 16 de Febrero del 2006)

“Apretón”, es uno de los 27 relatos que conforman el libro “Mordiscos de realidad”.

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